Lo anunció el Presidente Alberto Fernandez en su discurso de apertura del año Legislativo.

Hace un buen tiempo que hemos caído en la cuenta que, como define el convenio 190 de OIT, el conjunto de comportamientos y prácticas inaceptables así como las amenazas de tales comportamientos y prácticas en el mundo del trabajo causan profundos daños a nuestras compañeras y compañeros.

Aquellas y aquellos con quienes compartimos el trabajo diariamente y de quienes somos representantes sindicales requieren nuestro compromiso e involucramiento para desterrar y también prevenir la violencia y el acoso en los ámbitos laborales, debiendo con nuestra conducta proteger a trabajadoras y trabajadores.

Para esa tarea de protección el convenio 190 y la recomendación 206 significan una herramienta privilegiada que contempla y reconoce lo que por mucho tiempo hemos visto y vivido: la violencia destruye nuestra salud y la vida misma, así también provoca gravísimas consecuencias que atentan contra la dignidad de las personas y el avance de nuestras sociedades.

Las mujeres sufrimos en mayor medida la violencia, padeciendo una organización social desigual y por esta causa es tan valiosa la perspectiva de género que incorpora este instrumento internacional.

El Convenio contempla las múltiples y variadas modalidades contractuales incluyendo a las personas que buscan trabajo y a aquellas que fueron despedidas, no estableciendo distinción entre el empleo público y el privado, la economía formal e informal de zonas rurales o urbanas, lo que implica la universalización para garantizar los derechos de todas las mujeres y hombres en el mundo del trabajo.

Además, este celebrado convenio, se aplica a los hechos de acoso y violencia que ocurren durante el trabajo, en ocasión con el trabajo o como resultado de él, definiendo un vasto número de ámbitos dónde tienen lugar las actividades laborales lo que resulta de un inmenso valor ya que actualiza los conceptos y características del trabajo en nuestros tiempos.

Más allá de los detalles técnicos y las particularidades de la letra de esta normativa es un momento oportuno para reconocer y desnaturalizar la violencia y el acoso que son característicos de nuestra vida cotidiana en el trabajo, o acaso: Quién puede afirmar no haber sido objeto o testigo de violencia en algún lugar de trabajo?

El acoso y la violencia laboral dejan marcas imborrables, secuelas profundas en las personas, en los grupos de trabajo y en la sociedad toda.  Es un tema que debe convocarnos a aprender, desde las primeras experiencias colectivas, acerca de la prevención y tratamiento para cambiar el destino del “sálvese quien pueda” que el individualismo propuesto como único modelo posible se ha instalado tan fuertemente en nuestras sociedades.

El conocimiento, la solidaridad y el compromiso colectivo que posibilita este momento histórico del país, que propone la ratificación de este instrumento normativo que la OIT aprobó luego de muchos años de discusión, acompañará la transformación necesaria para que nuestras compañeras y compañeros de trabajo así como nosotras y nosotros mismos garanticemos el porvenir de una sociedad mejor.

Desde la militancia sindical, con conciencia de clase y perspectiva de género, favorecida por este momento de lucha feminista que tanto nos enseña, será el escenario privilegiado para ver materializados los cambios que tanto hacen falta a nuestra generación y a las venideras.

Romina Carrara   ATE Santa Fe – Red Sindical